Tareas ineludibles tenía hoy por hacer.
Acabar un artículo (en verdad, romper lo escrito y volver a comenzar).
Visitar a un viejo amigo cuyo padre ha muerto.
Traducir unas dedicatorias. Terminar una carta. Hacer unas llamadas. Preparar el relato. Mirar qué pasa con la novela que quiero escribir desde hace un año.
En fin, todas las cosas que esperan a que tenga un domingo.
En lugar, me fui a la playa a ver a los surfistas volar.
Entramos en un período de gran actividad solar. La última vez que la Tierra estuvo expuesta a tormentas solares de la violencia de las que se esperan en los próximos dos años fue en 1958, cuando intensas luces pudieron ser vistas de noche en México.
Cuando las tormentas más virulentas nos alcancen, además de ofrecernos bonitas auroras boreales, nos van a quemar generadores e inutilizar satélites. Eso significa algo más que quedarse sin luz, móvil e Internet. Sin acceso a la tecnología y sin el control técnico de los mecanismos automáticos… ¿Qué harán los bancos, los hospitales, las centrales nucleares, los misiles militares?
La actividad solar puede haber cambiado ya los polos magnéticos de la Tierra. ¿Será ese el motivo de las muertes masivas de animales en el último mes? ¿Por ello se están construyendo búnkers en todo el mundo? ¿Estará relacionado con los terremotos, erupciones volcánicas, huracanes, inundaciones, temporales de nieve y veranillos inesperados?¿Se referían a esto los Mayas?
¿Será ese el motivo de que el gusano en mí tarde tanto en largarse esta vez?
He preguntado a un médium y su respuesta ha sido: “¡preeeeeeeeeeet!”
Iba a cocinar una bestia el otro día, para la familia. Luego hubo cambio de planes, la tragedia giró. Así que cocino hoy, antes de que se estropee. Tiene un punto analgésico, tener de lo que ocuparme. Recoger tras las visitas. Organizar después de la disrupción de la rutina. Entre la tristeza y el síndrome de Estocolmo.
Me puse a mirar el periódico. 20 días en la burbuja, después de un mes en otra burbuja, después de tres meses en otra burbuja… Después de todo un año desde febrero pasado que cada semana algo ha pasado. Así que la calamidad informativa se me antoja paranormal. Casi, casi, me da lo mismo. Pero, ¿Cómo podría?
Quiero la esterilización como medida preventiva. ¿Suena fascista? ¡Hasta que intentas enseñar buenos modales a un monstruo!
Nada nuevo hoy.
El amor a mi familia, a Lorca, a mis amigos y amigas, a Tesla.
El amor.
El agradecimiento… Ya que lo demás me importa un pimiento.
Mira, hubo días, en la calle, que al reír me mirabas. Teníamos trece años. Luego tuvimos veinte. Luego treinta y seis yo y tú sesenta. Y tú veintiocho y yo casi cuarenta. Y tú noventa y así… Todas las muertes traen las otras muertes.
Quiero ser, quiero ser antes de que llegue el momento. Y la línea es delgada y rápida. Ya pasó el momento en que podía consolar. Y tampoco quiero que nadie me consuele. Quiero estar en silencio, volver a encontrar la luz.
Rebelar información no conduce a nada. Vigilar mar, aire y tierra y denunciar a los contaminadores, tampoco. El cambio climático ya hizo su vuelta de tuerca. Las huelgas no sirven ni en Francia. ¡Ven mundo neoliberal! ¡Te amamos! ¡Pensamos que un día podemos ser ricos en grandes mansiones con grandes piscinas y tías con tetas muy grandes!
Entraron a robar en casa de unos amigos humildes con dos niñas. La violencia, mes amis, ya no es una cosa de las pelis americanas.
¿Volvernos apocalípticos? ¿Cómo podemos emocionalmente soportar algo así? ¿Pero cómo podemos refugiarnos en la comedia cuando TODAS las buenas bromas ya están hechas?
¿Ser nosotros mismos? ¿Aprovechar el momento? ¿Vivir?
¡Somos parodias de parodias de parodias!
La fama es pedirte lo que ya has dado.
El mossèn del pueblo encuentra radicales mis escritos en la Hoja Informativa.
Hay que tener mucha fe.
Una petrolera/se columpiaba/sobre la tela de una araña/y como veía que no se caía, fue a llamar a otra villana./Dos petroleras/se columpiaban…
La espera que ya es ausencia, la espera de la ausencia definitiva, la agonía, verla sufrir.
Alguien me contó: “cuando mi padre se fue, se fue lentamente y me dio tiempo a cerrar todos los asuntos con él. Prefiero eso a que un ser querido se vaya de golpe, de un accidente o algo así y no poder ni despedirte”.
Hay gente para todo.
Yo prefiero el accidente, o algo así. Algo rápido. A poder escoger, quedarte dormido y no despertar más.