Tuesday, May 15, 2018

See you later alligator


Dos cosas quiero. Una, ser libre. La otra, ser amada. Ser libre no deja de ser una forma de violencia, pues siempre termina donde empieza el otro. Lo del amor, por lo tanto, se resiente. Y siempre parece más fácil cuando me voy a otro sitio. Así que... Me voy un tiempo. Hasta que terminemos con la censura o me acostumbre a ella lo suficiente. Gracias por acompañarme hasta aquí.

Saturday, April 28, 2018

New York


La habitación olía a insecticida y salfumán. Lo primero que hicimos fue abrir la ventana. No nos atrevíamos a dejar la bolsa en ningún lugar. El suelo estaba pegajoso. Las colchas de la cama, roídas, con manchas. Me acerqué a olerlas y le dije a Casey que no pensaba dormir allí, mucho menos echar nuestro primer polvo de casados. Casey salió por la ventana y se sentó en la escalera de incendios a fumar. Yo necesitaba ir al lavabo, de modo que me perdí por sórdidos pasillos de luces parpadeantes hasta encontrar uno. El lavabo parecía decentemente limpio. Eché el cerrojo e intenté relajarme, relativizar la situación. Al fin y al cabo, estábamos en New York, que era lo que los dos habíamos querido.

Thursday, April 26, 2018

Los pervertidos

(Mamá, no te flipes al leer esto, es solo una hipótesis para defender el caso de lo indefensas que estamos, desde la concepción; y por supuesto, nada tiene esto que ver con los maravillosos compañeros de viaje que sois todos los hombres, a excepción de los pervertidos).

En la vida me violaron dos veces. Una a los 9 años y otra a los 30.

Entiendo por violación una penetración (pene, dedo, lo que sea) sin petición expresa, con coacción física o moral, en cualquier agujero.

Nunca denuncié.

Entendí que, al no haber sido capaz de reaccionar al momento, había consentido y era mi culpa. Por cobarde.

Creo que antes de la primera agresión, ya había sufrido algún abuso. Y sin duda de memoria, los sufrí después.

Lo que entiendo yo por abuso: un uso de la autoridad, normalmente mediante chantaje moral, para tocamientos, sin penetración.

Abusos y violaciones conforman nuestra personalidad, nuestro criterio, nuestra capacidad, la confianza en un mundo mejor para nosotras y nuestras hijas.

Hay que reformar la ley: al margen de las evidencias igualdad/desigualdad en la situación, se necesita un marco en el que quede claro si la persona realmente quiere. También hay que reformar a toda una sociedad que da lugar a un juez que estima que, por el vídeo, a pesar de que no parezca que ella (18 años) esté disfrutando y ellos (cinco adultos fornidos que la penetran en manada) jalean, graban, humillan, se jactan, roban su ropa y su móvil al abandonarla a su suerte, no se deduce violencia, porque no hubo golpes.

El mensaje es escalofriante.

Y, desde luego, hay que reformar la ley acordemente a la anatomía: agujero=violación, no agujero=abuso. Estipulando ambos casos, obviamente, como agresión.

¿O no es una agresión cada vez que alguien usa su superioridad para obtener algo de ti?

Ya no estamos en la edad media, ni en la dictadura, ni en la transición. Estamos en la era de los derechos humanos. Y no hace falta que nos descuarticen para acusar y procesar a los que vulneran los derechos humanos.

Tuesday, April 03, 2018

La flor más rara


Supe lo que sentías por mí el día en que echaste una cucaracha en mi cerveza y me miraste desafiante, con ojos de bribón y sonrisa de lobo. Era exótico. Más exótico que la flor más rara. Y más acorde a tu personalidad. Guardé ese instante como un secreto. ¿Con quién iba a compartirlo? En cuanto todos se dieron cuenta de la ocurrencia, transformaron la magia de tu confesión en una competición de escatológicas gamberradas.



Monday, March 26, 2018

La caja de bombones


No hay día en que no sufra a la mayoría. El chiste a la hora de comer con el que todo el mundo ríe y a mí me da vergüenza o lástima. La música, la literatura, la televisión, las películas. Suelo disfrutar aquellas cosas que los demás rechazan. Y si alguna vez sacan un producto que me encanta, lo quitan de las estanterías a las pocas semanas, lo mismo que una comedia que considero por fin divertida, inteligente y empática, todo a la vez. Mis preferencias no superan las pruebas piloto, porque la mayoría siempre gana.

Este es un tema recurrente, hablo de esto siempre, y escribo sobre ello cuando algo sucede que me hace enfadarme mucho, asquearme, tener ganas de otro sistema, no sé cual, por supuesto que nunca secundaría monarquías ni oligarquías ni totalitarismos, pero otro sistema, más justo con las minorías, las minorías que estamos en desventaja, se entiende, en peligro de extinción, ya sea porque hablamos una lengua minoritaria, porque pasamos de manifestarnos por una bandera o porque nos gusta Radiohead desde que solo los podías escuchar en un internet café.

Una vez me enredaron en una cafetería con un rollo de ver algo (sorpresa) a cambio de un regalo (sorpresa también). El algo era un rollo de serie de mierda que no se comprendía y estaba cortado con anuncios raros también. Pensé que era todo una broma. Tuve miedo de la llamada. Me llamó una señora muy amable que me hizo preguntas de lo más inverosímiles durante más de dos horas. Cuál era el color que creía que más había destacado. Qué me parecía la pareja del anuncio de la pareja. Cuántos pájaros había en la jaula. Cómo se llamaba el perro… Yo no sabía responder a ninguna pregunta, y a medida que avanzaba el tiempo, me parecía más una tomadura de pelo. Cuando no pude más, le dije: “perdone, ¿falta mucho? Es que es tarde, tengo hambre y, francamente, no sé qué están analizando, pero ya le digo que yo no sirvo, porque nunca coincido con la mayoría”. La señora me respondió: “no se preocupe, podemos usar hasta los criterios que parecen no válidos”. No supe si eso era bueno o malo, pero dije que, con permiso, daba por terminada la llamada.

Al cabo de una semana recibí el regalo, que tuve que ir a recoger a correos. Era una caja de bombones de esas típicas, rojas, de un piso, que no me gustan nada, aunque te las encuentras en casi todas las fiestas. Ojalá pudiera decir que esa es la vez que me he sentido mas gilipollas en mi vida. Pero no.

Friday, March 23, 2018

¡Manda huevos!


Siendo niña aprendí que era mejor un gag que una opinión. Como estudiante, hice preguntas difíciles y no di ninguna explicación. Como hija de obreros, supe que por muchos méritos que esgrimiera, jamás saldría de las trincheras. Como mujer, mastericé la frivolidad, pues de qué otro modo me iban a escuchar. Como catalana, sufrí la violencia por hablar catalán, a pesar de que en el artículo 3 del título preliminar de La Constitución se detalla que “La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección”. Como republicana tengo a familia que nunca he llegado a conocer y de la que solo conocemos el final de uno, gracias a Montserrat Roig: el hermano pequeño de mi abuela, que fue deportado a Mauthaussen, con otros diez mil hombres y mujeres de “nuestro holocausto” que no sale en los libros de historia porque todavía NO HABLAMOS DE ESO.

Foto de la SER

Me llamó mi amiga americana y me preguntó "qué tal" y le conté; ella insistió, “no, no, que de la política, ¿cómo estáis?”, y le dije: “mejor no hablemos de política”. “¿Por qué no?”, se extraño ella. No sé, es como una consigna ¿no? En el trabajo, en la escuela de los peques, en el gimnasio, en las tiendas, en el bar, “mejor no hablemos de política, NO NOS VAYAMOS A PELEAR”.

Hay un gran déficit de diálogo, de discurso, de capacidad democrática, cuando crees que si hablas de política igual te van a pegar o denunciar o meter en la cárcel.

Los republicanos catalanes nos piden hoy desde la cárcel y el exilio que no tengamos rencor, que la vía Mandela es la vía que gana, que no tengamos miedo, que no tengamos traumas. Que no hay venganza, solo progreso. Paciencia. Corage. Estudio. Inteligencia. La democracia ganará...

Para que luego, encima, vayan diciendo por ahí que los catalanes somos unos cobardes, no como otros, que ponían bombas y se hacían respetar. ¡Manda huevos!