Monday, January 22, 2018

Sunday, January 21, 2018

That's entertainment

He estado tanto tiempo enferma que ahora solo quiero soñar. Viajes que quizás no haré. Casas en las que muy improbablemente viviré. Es fácil, entras en los portales, lees las descripciones, miras las fotos y te trasladas. Claro, no hay nada como un buen libro, pero últimamente, todos me deprimen. Incluso los que empiezan con un chiste bueno, se acaban torciendo. Es como si fuera inevitable la insoportabilidad del ser. Incluso un buen cómico en algún momento da pena. Por eso no soporto el circo. Ni el zoo. Aunque no sé si los animales son conscientes de su trabajo como entertainers. Es el concepto de espectáculo en sí que me da grima.

La actualidad fue el gran entretenimiento que me ayudó a esperar. Ahora comprendo que fue lo que me enfermó en primer lugar.



Tuesday, December 19, 2017

Once años


Esto no va de lo típico de estos días (Catalunya y como hacer que estos catalanes se callen de una p vez o vuelve el fascismo y será culpa de ellos).

Aunque tiene mucho que ver.

Me acabo de enterar de que un compañero de trabajo sindicalista está acusado por la fiscalía por una rueda de prensa consensuada con todos los sindicatos en la que se reclamaba que la empresa cumpliera con las promesas.

No hubo violencia. Ni piquetes. Ni amenazas verbales. Ni juegos de palabras. Ni bromas. Ni payasadas. Se dijo lo que se venía a decir. ¿Y se enfrenta a once años de prisión?

Quiero irme de esta tenebrosa, represiva y aburrida España, donde, para colmo, la gente que intenta aliviarnos con un poco de humor, no me hacen ninguna gracia.

¿En serio Europa se va a quedar mirando, como siempre?

Sunday, November 05, 2017

Bertrand (Cibernéticos - 6)


El bar en penumbra apestaba a vómito, alcohol y sangre podrida. Seguí al anciano pequeño y calvo. Abrió una puerta que parecía de juguete y me indicó los viejos escalones de madera que bajaban al sótano. Dudé. Él dijo que no podía acompañarme porque estaba fatal de la cadera. De las profundidades llegaba algo de luz y la música de una radio mal sintonizada. Me entró pánico. Mi corazón comenzó a darse golpes por el interior del cuerpo. El anciano metió la mano en el bolsillo y sacó unas llaves.
—Son las de Bertrand —dijo y me las entregó—. Siempre se las olvida y a la mínima corriente de aire, se queda encerrado y tengo que volver hasta aquí para abrirle la puerta.
Tener las llaves en la mano me tranquilizó.
—No suba usted sin él. No le dé las llaves, es capaz de perderlas. Y no tarden. Dígale que su madre le espera para comer.
Descendí los peldaños. Crujían de un modo familiar, como los de la casa de mi tía de la Barceloneta. La puerta se cerró tras de mí con un golpe seco e impersonal. Atravesé un espacio de columnas y una bóveda, llegué a la luz y a la radio, que ahora reproducía un anuncio de seguros de hogar. Había una mesa, un ordenador y una silla. Tuve que estar encima para verle, pues la silla era dos veces más grande que él.
—¿Bertrand? —pregunté atónita, al ver un niño de no más de nueve años.
—Sí —respondió él, con voz distraída. Lidiaba contra invasores en una jungla, en línea.
—Te traigo un mensaje.
Bertrand detuvo el juego y abrió un programa.
—Habla —me ordenó.
Dije el mensaje que se tradujo en números y se envió.
Bertrand reinició entonces su juego.
—Bertrand —dije.
Se asustó de escuchar mi voz. Se giró y me miró.
—¿Quién eres? —me preguntó.
Entonces vi algo raro en su rostro, algo más allá de nosotros.
—Tenemos que subir —dije—, tu madre te espera para comer.
—¿Mi madre? —se sorprendió.
Le ofrecí la mano y, ante mi asombro, la cogió y subimos juntos. Abrí la puerta con la llave. Atravesamos el bar en penumbra, apestoso. Salimos a la calle. Allí seguía el viejo, sentado a una mesita, leyendo el periódico.

Thursday, October 26, 2017

Commonwealth


Las redes: replicas la opinión de otros, añades la tuya, modificas la de otros con la tuya, otros modifican la tuya y así nos vamos pasando la actualidad, en acuerdo o desacuerdo, con ingenio (se intenta), con sentido del humor (se intenta), con tolerancia (¡es la ley! Y quien no la suscriba, ¡que se quede en la caverna y se vaya de Internet! – Llegaron con las redes, no conocen las leyes fundacionales de los chats, no saben de informática ni las leyes de la robótica y ¡creen que por tener una cuenta en Twitter pueden avasallar y convertir Internet en otra caverna!).

Las redes nos convierten en trovadores de lo inmediato. That's the beauty of it!

Hasta que, ¡Pim pam pum! Alguien está en contra de que cantes:

  1. Amigos de toda la vida me borran y ya no puedo ver lo que replican ni lo que opinan (ponedle un partido político, lo dejo a vuestra imaginación).
  2. Los que me insultan si opino sobre lo que han replicado (¡¿?!, pero no me borran) y me amenazan con comentarme a mí. Ahí ya lo flipo. ¡Por favor, hazlo! ¡Pero si las redes están para eso!
    Imagino la escena en el bar:
    -Calla, no opines sobre lo que acabo de decir.
    -Pero, oye...
    -¡Que no me gusta que me rechisten!
    -Sólo cuestiono tu fuente de información...

Al final, son el sentido del humor, la mediación y la capacidad de discusión lo que nos acaba uniendo (valores muy judíos, por otro lado, pero supongo que hoy no hablamos de esto, ¿o sí? ¿Quizás siempre hablamos de esto?).

Para la comedia, creo que aún estamos verdes, como colectivo (no imagino un Seinfeld en España, y ¡fue ya en los pasados noventa!).

Deseo que nos guíen el humor y la discusión – tan británicas, tan francesas, tan checas.

Que la inteligencia nos acompañe.