Tuesday, July 25, 2017

¡Guardia Cívica ya!


Todos los baños deberían ser públicos. ¿O acaso no son agujeros hacia los túneles de la mierda común? Y deberían ser limpiados y revisados por técnicos públicos. Así los bares no tendrían excusa para ofrecerlos “solo a los clientes” y los pescadores no encontrarían en sus redes los objetos que las depuradoras no han sabido cómo depurar.

Y multar, sí, y recaudar. ¡Necesitamos una Guardia Cívica ya! Que controle los pipies y cacas de los perros en las zonas humanas. Que controle la gente que tira las colillas al suelo, a la arena, por el balcón y la gente que vacía el cenicero del coche en medio del bosque. Que ya que tanto molesta la música de una fiesta que te mandan a la policía, vigilen también que las obras públicas y privadas respetan los horarios y el nivel de decibelios (que resulta que hay silenciadores para las máquinas, oigan). Y a las fábricas, los viejos monstruos, ¡mano dura! ¿Cómo vamos a deslomarnos reciclando a pie de la mayor contaminadora de la comarca?

Una mujer puso a su hijo a mear en la puerta del Liceo. Le llamé la atención. Me dijo que era el sitio más íntimo y resguardado que había podido encontrar.

Recuerdo que cuando estaba embarazada y tenía ganas, iba por la calle oteando quién iba a entrar en su casa y entonces les pedía que me dejaran subir. Siempre me dejaban.

Monday, July 24, 2017

Rise and fall




picture by zweifellos mondbetont
Las familias, como los imperios, tienen sus años de gloria y esplendor. Después llega la decrepitud inexorable que más vale cortar de raíz al primer síntoma y marchar a vivir lo más lejos posible.

De lejos se te quiere y nunca se te exige nada. Es más, siempre serás una visita exótica.

A menudo, el fin llega cuando la matriarca (a quien toda la vida todas las descendientes han puesto a parir porque manda mucho y organiza la vida de todos) se muere y te das cuenta de que ya nada te obliga, que es el fin de las ataduras, que eres ¡libre! es decir, lo que siempre habías deseado, pero a la vez, qué sentimiento más raro, ¡como de haber perdido a tu tribu!

Por supuesto, si hay herencia, la cosa se complica y entramos directamente en terreno militar.

A veces es una tragedia innombrable: la primogénita, el lucero del pueblo, la alegría del mundo entero, que muere de un terrible accidente la noche de su dieciocho cumpleaños, como en una peli de Disney, pero sin atenuante de hada madrina.

Todos dicen que ha ido al cielo, pues no puede desearse mejor lugar.

Pero si supieran adónde Lucera ha ido realmente a parar...




Monday, June 26, 2017

Paraguas en Llamas


Vaya, pues me he enterado (¡demasiado tiempo después!) de la muerte de Paraguas en Llamas, Jordi Mestre.


Le conocí en el Astrolabi, ese barco de grandes músicos, poetas, escritores, actores. En la época, yo acababa de volver a la ciudad y bajo la insistencia de mi amiga Paula, comencé este blog, que entonces se llamaba de otro modo.

Jordi estaba en la barra. En aquellos días, apenas se veía nada, dentro del Astrolabi, como apenas se veía nada en ningún lugar. Todos fumábamos mucho, lo quisiéramos o no. Jordi estaba con la Nueva. Mi hermano, que lo conocía, exclamó: “Mira, está con La Nueva”. Era un fenómeno verlos, allí, en el rincón donde terminaba la barra y dos taburetes cabían justo antes de la puerta de salida. Fue la única vez que lo vi. O que recuerdo haberlo visto. Los años en Gracia, y en especial en Martínez de la Rosa, son una intensa comedia de personajes y experiencias, sin fecha, sin acotaciones.

Es el Jordi, el de Paraguas en Llamas, me dijo mi hermano, ves a hablar con él, dile que tú tienes un blog. Me daba vergüenza. Y además estaba con La Nueva, una rubia espectacular, más alta, más guapa y más brillante que cualquier otra persona del bar. Pero fui, lo felicité por lo bien que escribía y por lo divertido que era. Jordi me preguntó si yo escribía. Alguien entró por la puerta y los saludó. Más gente vino a saludar. Y más gente. Y así, hasta que Jordi fue una bola de cabellos en medio del follón.

No sé si  las personas que seguíais su blog ya conocíais la noticia. Quizás publicasteis algo que me perdí. En cualquier caso, en mi ingenuidad, yo pensaba que Jordi no publicaba porque estaba ocupado tal vez con más progenie, además de Umbrello y Fratello.

Espero que esté en buen lugar. Mis condolencias a la familia, a los amigos, a todos y todas que lo echáis de menos.

Aquí unos homenajes:




Sunday, June 25, 2017

Baudelaire y PJ Harvey


¡El equilibrio! ¡La solución del post-milenarismo! Encuentra el equilibrio entre tu vida laboral y tu vida familiar (conciliación, “equilibrio” sería demasiado genérico, aunque luego generalicemos tanto). Y luego conserva tu afición, porque es sano, es bueno para ti, aunque ya la metamorfoseaste, dejó de ser vocación, de las vocaciones no se vive, pero los “hobbies” son necesarios para el equilibrio mental (como en las pelis de los 50).

¡Y encuentra el equilibrio de pareja! ¡Venga, va! ¡Que el día a día no apague la pasión! Si no es posible, buscad un terapeuta. Un coaching. Y es lógico. Siempre hubo alguien, ¿no? Un cura, un amigo, tu tía molona, un psicólogo...

Encuentra el equilibrio entre tus deseos y tus posibilidades. No pidas más de lo que puedes obtener. Confórmate. Sé feliz. Si eres feliz, todo lo demás vendrá luego.

Y si matan a otra mujer y luego por la calle ves que un chaval insulta a una chica porque tiene el culo gordo, o le falta una teta, o su falda es muy corta o lleva el pelo verde y puede que sea lesbiana, dile algo, anda. Al machista, claro. Dile que es inaceptable

El mundo es tan sospechosamente cristiano, machista, elitista, conformista, que el punk todavía hace falta. Sobre todo, las mujeres punk.

En el parque: hola qué tal, qué te cuentas, pues quisiera contar, no sé, ¿Tú recuerdas quién era Baudelaire? Pero claro, antes de poder incluso terminar el pensamiento ya estoy recibiendo el detalle de la última proeza de los pequeños. ¿Y qué hacer? No es el lugar de ser punk. No que Baudelaire lo fuera. O quizás lo fuera, a su manera. Y Debbie Harry cantó un rap antes que cualquier otra blanca, o blanco.

¡El equilibrio! ¿Cómo ser punk y elegante a la vez? La elegancia es un requisito indispensable a la supervivencia de la especie. Si queremos un mundo mañana, hay que ser elegante. Hay que ser diplomático. Ya sabemos que sin revolución no hay cambio. Pero sin... ¡Pero ¿qué digo?! ¡Qué simplista! Volvamos al origen. El amor.

¡El amor! ¡Si hay que creer en algo es en el amor! ¿Significa eso ofrecer siempre la otra mejilla? ¿Significa rendirse? ¿Sacrificarse? ¿Barrer y zurzir hasta que un príncipe nos rescate?

Ayer íbamos con Astronauta por la calle y se fue corriendo a la bici de una niña grande. ¡No toques aquí! ¡No toques allá! Gritó aquella otra madre. Astronauta la miró sin comprender. Yo tampoco comprendía. ¿Acaso podía hacerse daño con el timbre, con el freno, de una bicicleta? Astronauta dio la vuelta y se abrazó al sillín. Qué valiente, qué ganas tiene de poder hacer todas las cosas. ¿No querrá montar en la bici? Dijo la otra madre. ¡Y qué sé yo! ¡Cómo si yo supiera leer mentes! Y además, pues es una bici preciosa, ¿no querrías montar tú?

Me reprimí. Quisiera, quise, quiero, pero la evidencia muestra que no soy punk. No quiero enfadar. Me falta libertad. Todavía, a pesar de la experiencia y bla bla, me preocupa demasiado lo que los demás piensen de mí.

En fin, os dejo, que igual me da tiempo a un poco de PJ Harvey. Elegancia y punk.

Wednesday, June 14, 2017

Anita Pallenberg






Anita, what to say! I've read so much about you! I mean, it really was about them, but in the end, it was always about you.

Tuesday, June 13, 2017

Látex

He tenido el impulso de comprar una libreta. He estado media hora examinando con la dependienta cuál sería la más adecuada, atendiendo a mis actuales circunstancias. ¡Cuántas libretas hay en el mundo y siempre: “si fuera más delgada” o “más pequeña”, “sin rallas ni cuadros”, “con la tapa un poco más blanda”. ¡Hace tanto que no tenía una libreta! Bueno, no, claro que tengo una, más bien un lugar donde anotar teléfonos y hacer las cuentas o incluir algo en la lista de la compra. Con una cría que se escapa siempre me es difícil usar el smartphone, no me acostumbro, un pedazo de papel me permite tener un ojo en lo que escribo y el otro allí lejos, donde debería haber un semáforo y un paso de peatones, pero no los hay.

La acabo de estrenar, ahora que mis padres están al cargo un rato. He escrito lo que soñé, o lo que queda de ello a estas horas. Algo angustioso, regresivo, fantasmal. Mi letra es horrible y ya no puedo escribir pequeño. Me ha entrado un calambre en la mano. Se me ha abierto el corte del dedo. Veo que no tengo las muñecas curadas aún. Y el contacto con el papel, tan seco, me ha dado dentera. Supongo que cuando escribía a mano cartas de quince páginas a doble cara mis manos, a parte de ser muy jóvenes, no se pasaban el día fregando.

Quizás cuando vuelva a intentarlo me ponga los guantes de látex.

De momento, y una vez escrito, el sueño es una soberana tontería de estas que proyecta el inconsciente de quien quiere ser valiente y es cobarde, o sea, yo. No creo que al teclado hubiera sido menos cutre que a boli.