Cuando era joven (me
troncho, es la primera vez que uso la expresión, hasta ahora usaba
“cuando era más joven”), huí de las etiquetas.
Empollona, cuando sacaba buenas notas, napias, cuando me creció la
nariz, puta, cuando me pegué el lote con aquel y el otro... De modo
que en cuanto pude me fui del barrio, me hice la cirugía, me casé y tuve una hija. “La
madre de” es lo más anónimo que se puede ser. “La madre de”
no cuenta como etiqueta.
Y la Navidad comenzó su ruedo, inexorablemente. Estas son mis conclusiones de un fin de semana largo de intensa celebración:
1. El color que uso para el pelo se ve más oscuro, no me favorece, era mejor antes, este me hace parecer gitana (a mí eso ya me parece bien, pero...)
2. Bertolucci podría haber, pero parece que se desmiente, sodomizado a Schneider, sin el consentimiento de ella, a través de Marlon Brando en “el Tango”. No sé, muchas lagunas veo yo en la historia. Y no es una buena cosa.
3. Mi suegro me advirtió anoche, durante “la última charla” de que sigue este blog, cosa que no recordaba. Tendré que andarme con cuidado, dada la facilidad con que se producen malentendidos entre nosotros.
4. Que se juegue un Barça-Madrid no vacía el centro un sábado por la tarde, pero sí que encontramos mesa en el Kasparo.
5. Limpiar, sin la música a tope, es una amargura, no lo supe hasta que ya estaba acabando y entonces internet no me funcionó. Me prometo que la próxima vez me aseguro la jugada y pongo el Rattle and Hum, para cantar a pleno pulmón (apuntar en la lista: encontrar el Rattle&Hum, y también, comprar pañales, plátanos y cereales).
6. Tengo que hacer listas para todo. Para todo. Porque cuando todo se acelera y comienzan a pasar cosas, va y se me olvida llamar a mi hermano y hermana para recordarles que el 5 comemos en La Cabaña. Así que no estaban.
La pesadilla/culebrón
antes de Navidad terminó con unas decisiones tomadas que
tranquilizaron a todo el mundo pero que llegado el momento, es decir,
tres días antes y sin haber previsto despensa, seguro que a la
familia le dará por replantear. El único sabio entre nosotros,
Jeremías, ya dijo hace muchos años que él el día de Navidad es
muy mala compañía y que nunca vendrá. Ah, el bueno de Jeremías,
qué envidia le tenemos algunos y cómo lo critican otros. “Jeremías
nunca viene”. Como si eso fuera una falta capital. Cuando la abuela
ya no pudo, Navidad la organizaba mi madre, y luego mi tía y después
de volver del extranjero, yo. Pero luego me casé, y a nuestra
familia disgregada, como disgregadas son la mayoría de las familias
aunque jueguen a otra cosa, se añadieron unos suegros que, además
de separados, son de distintos países, hablan lenguas distintas,
tienen familias distintas y religiones distintas. Eso, que sería
suficiente para decir “au revoir Navidad” y explicar a mi hija
que lo que en verdad se celebra es una leyenda alrededor de poder
encender luces en los días más oscuros del año (en el hemisferio
desde el que escribo), me está volviendo loca, chat por aquí,
teléfono por allá, vacaciones que no cuadran y dinero que no
alcanza.
Los celtas celebraban el
fin de año durante la luna llena de noviembre, tres días antes y
tres días después. Una semana de festividades para despedir el
verano y prepararse para los días más oscuros, el Samhain
(literalmente “fin del verano”) que en era cristiana se
reconvirtió a Todos los Santos, All Saints Eve (Halloween) y, como
no, se movió de fecha. Si seguimos el antiguo calendario lunar,
Samhain es hoy, bueno, ya lleva siendo. De hecho nuestra rutina se ha
roto, llevamos días de visitas y movimiento, de cambios, de nuevas
vidas que comienzan a nuestro alrededor, mudanzas, nuevos trabajos,
muertes y nacimientos. Sí, me diréis, la vida es así siempre. Pero
tengo la sensación de que se ha acelerado. De todos modos,
Feliz año nuevo.
Disfrutad de la superluna.
O disfrutad y ya.
Besos.
Claramente tuvimos más cheat
que treat, en el pasado Halloween. Y no voy a entrar en el
tema de Halloween en sí, que google ya puede demostrar como todos lo
vivimos en nuestra época celta y que los americanos, como suele
suceder, no inventaron nada, sino que se quedaron con lo mejor (y
sino, explícale a los chavales que es más guay la castañada que
Halloween, ¡anda ya!).
Tampoco quiero hablar de política,
aunque a eso me refiera con lo del cheat.
Sólo quería manifestar públicamente
que a raíz de las amenazas que se ciernen sobre nuestro futuro (y
todo sigue como si las climáticas no fueran las peores), estoy
cabreada con mi banco por enviarme una publicidad, justamente esta
semana, en la que se me sugiere que mi jubilación no va a dar para
nada.
¡Banqueros puteros! ¡Me la suda!
Cuando llegue el momento usaré mi último ahorro (que habré
guardado cuidadosamente) para auto-eutanasiarme (así no dependo de
leyes, y que no se confunda nadie, que no tiene nada que ver con el
suicidio) con una buena dosis de heroína, a lo rock and roll and
fuck you all!