Tuesday, October 17, 2006

Notes


I miss you! I miss the laughter, the wine, the cigarettes, how terribly rebellious we got when the boys told us what to do, how to behave. You always knew how to show you were free; if it was necessary, you would tell them to fuck off. Oh I miss you, your irreverence, your passion, and your kisses. I would not have tongued you like that if we hadn’t been in a hurricane, drunk as hell, and yet I remember you, I remember the taste. I loved it when we danced and played piano like two witches bursting in flames. I loved the feeling of being about to take off. When I was with you anything could happen, running around the neighborhood naked, driving to the city hall to scream the major what an asshole he was, getting into a teenager party to talk about revolution. What else did we own but pretending we were crazy? After all, we were only somebody’s wives. It was our free choice to be so.




Monday, October 16, 2006

opuestos


Descubrí a través de ti mi reacción más extrema. Que incluso las piedras sienten y tienen rostro. Que es necesario medir las palabras. Sin embargo sé que midiéndolas siempre, no llegamos a las conclusiones que nacen de la confrontación.

volcanes

Tras un año sin vacaciones, la ansiada escapada. Moramos en el corazón del Baix Empordà y comemos ciervo de Toledo, con un poco de remordimiento. Parece haber en Verges una lucha por el terreno y una competencia en el negocio, a pesar de que sólo hay dos. En La Pera rememoro la leyenda del Bandoler Joan Serra. El pueblo es tan tranquilo que los ratones duermen la siesta junto a la iglesia. Las risas de tres niños invisibles colorean las nubes. Comidas copiosas con amigos porque las mejores conversaciones nacen alrededor de una mesa. En Besalú somos unos domingueros más entre cientos, hasta que al caer la tarde Ángela nos sirve unos vinos en su cueva secreta de piedra. Ahora, al pie del volcán de Santa Margarida espero con mi pierna herida. El día es brillante o gris. Me acompañan los pájaros, el bosque, el distante mugido de las vacas. En los túneles de la representación (pensé anoche mientras me dormía) se tejen las escaleras hacia el miedo. Pero La Garrotxa es real y bajo mis pies palpita la tierra. Esta noche regresamos al Montseny, para oler la lluvia de cerca.

Thursday, October 12, 2006

la noche infinita



Unas palabras para ti a través de la tormenta, para que los relámpagos iluminen tu noche y los truenos llamen a tu puerta. Que estoy contigo bajo la lluvia y que mis manos ahuyentarán el frío de tu piel, en la batalla, en la tiniebla. No estamos solos, aunque no estemos juntos hoy. Sabes que siempre te quiero y que pienso en ti sin treguas. En nuestro amor las pausas evocan el beso mágico. Y aunque nuestra entrega no dependa de la nostalgia, en la distancia consuela tan solo el día de mañana.




Tuesday, October 10, 2006

Cómo estar inválido y sobrevivir en esta ciudad

Lección número uno: no esperes que los transeúntes que andan con prisas respeten la distancia de seguridad.

Lección número dos: recuerda siempre que aunque tú no puedas correr, la prisa todavía existe.

Lección número tres: no confíes en que los coches que giran en ámbar y a pesar de que tu semáforo esté verde, te sonrían pacientes cuando tardes tres minutos en cruzar la calle.

Lección número cuatro: los conductores de autobuses suelen ser más amables y atentos al principio del trayecto que después de atravesar todo el tráfico de la ciudad y llevan ya vehículo lleno.

Lección número cinco: los taxis libres no siempre van a parar por ti por el simple hecho de que llovizne y lleves un par de muletas.

Lección número seis: los taxistas no van a bajarse del taxi para abrirte la puerta, ni al entrar (que es la ostia de difícil), ni al salir (que aún lo es más).

Lección número siete: no confíes en la arquitectura de la ciudad.

Lección número ocho: hay más mierdas y meados de los que cuando eras un peatón sin dificultades habías llegado a imaginar.

Lección número nueve: las escaleras mecánicas de los transportes públicos van muy deprisa (aunque antes hubieras pensado que iban lentas) y da un poco de miedo introducirse en ellas.

Lección número diez: los ascensores están muy lejos de los accesos.

Lección número once: sólo los pesados que no tienen nada más que hacer se preocupan por ti a la vez que te dan información que no solicitaste.

Lección número doce: los turistas, al verte avanzar lento, van a venir todos a preguntarte.

Lección número trece: hay que tener amigos y familia.

Si sales a la ciudad teniendo en cuenta estas simples consideraciones, corres menos riesgo de decepción.




Saturday, October 07, 2006

digging for fire

Sueño con dos viejos que no tienen a dónde ir ni con quien estar. Cavan un agujero en el suelo. “¿Buscáis oro?”, pregunto. “No, pequeña, buscamos fuego”. Esta escena no es de extrañar puesto que vivo de nuevo en el universo Pixies. Una música oscura ha lanzado una cuerda entre el balcón de abajo y el mío e intenta escalar hasta mi habitación. ¿Volveré a soñar con trombas de agua, maremotos, riadas? Una noche me quedé durante horas atrapada en la copa de un árbol mientras la tierra se tragaba todo cuanto conocía. No temo al planeta. Temo a los hombres. Temo a Irán y a Corea del Norte. Temo a la policía. La otra tarde salí de casa y había ejércitos de ellos formados para la defensa (o el ataque) en mi calle, con sus armas, sus cascos, sus protecciones, azabaches como los monstruos de toda ciencia ficción. He vuelto a recorrer la sinuosa carretera nocturna por la que una vez condujo Raluca V16, mi raptor. Al despertar le he echado de menos. Curioso como el síndrome de Estocolmo también se produce con los raptores subconscientes. Lorca me contó que la otra noche hablé dormida y dije algo así: “espera, que ya llegan”. No sé qué debía estar soñando, pero imagino que me refería a mis amigos.


Friday, October 06, 2006

botas


Anoche sacamos nuestra colección de botas. Las había oscuras y gastadas, de haber pasado noches tranquilas en un bosque irlandés. Negras y de tacón alto, provocativas. Unas del color de las hojas cuando ya han muerto pero tiñen aún de colores la tierra mojada. Botas antiguas, de muchas edades y botas de alta montaña. Un par de duende, de algún viejo disfraz y otro par fucsia, posiblemente también de un disfraz. Botas para caminar por la ciudad en un día de lluvia. Otras cuya suela era ya tan fina que se podrían usar para acariciar. Botas de esquí, de vaquero, de minero. De ante, de charol y de cuero. También nos probamos aquellas que pedían, como único complemento, la desnudez total. Y ese fue el final del tour por nuestro virtual zapatero.