De modo que estoy en el tren disfrutando del paisaje y tengo enfrente a una horrenda mujer, a la que intento no mirar directamente a los ojos porque se le transparenta la mala vibra: una chafardera como muchas había en el pueblo de donde vengo, que se dedican a crear enemistades y conflictos inexistentes entre los vecinos; pues va la intrusa y después de hacerme sonrisas y ojitos buena parte del viaje, se sienta a mi lado y sin pedir permiso me agarra el brazo:
- Perdona eh, pero es que no puedo aguantarme más de hablar contigo, verás, mi hija tenía una nariz como la tuya y se fue a un cirujano muy bueno a Barcelona y la han dejado monísima.
- Me alegro.
Viendo que no me interesa en absoluto y que miro hacia la ventana, ignorándola como intentamos ignorar a los estúpidos, aunque siempre logran entrar en casa, insiste:
- Es que claro, con su trabajo, lo necesitaba…
- ¿Ah sí? ¿De qué trabaja?
- Es secretaria en una notaría y claro, con tanto cliente…
- Ya
- Pagando, eh, se lo hizo pagando.
- Mujer, ¡namás faltaría!
- Pues sí, sí, y cuando te he visto, he pensado, se lo tengo que decir, porque es que a mi hija le ha ido tan bien…
- Pues si va tan bien, ¿Por qué no se va a usted a que le hagan un apaño?
Y encima se fue ofendida. La verdad, ni siquiera solté mi bestialidad.
Tuesday, August 10, 2010
Sunday, August 08, 2010
Hey Jude
La familia de en frente ha alquilado su piso a un grupo de jóvenes extranjeras, dos de ellas con pareja. En total son siete, o al menos esos son los que desayunaban esta mañana en la mesa del balcón. Vamos a estar entretenidos, espero, ya que por aquí nos quedamos.
El hombre del trombón tampoco ha marchado y cada día toca mejor Hey Jude. Un día de estos iré a ver dónde están estos pulmones.
Saturday, August 07, 2010
Aleluya
Hay brotes de economía sana (0,2% de crecimiento), en Catalunya y en Euskadi. Por algo se comienza. Siempre se comienza por el mismo lugar. Y la persona más odiada de España, después de Carod Rovira (¿?) es Belén Esteban ¡!¡ ¡Por fin!
Instante de júbilo. No vamos tan mal. A pesar de que la estancia de la mujer de otro (Michelle, ma belle) en una playa privada de nuestra península levante tanto revuelo. ¡Por Dios!
A las gentes escépticas de democracia, que creen que hay demasiada corrupción, les diré algo obvio: por lo menos en democracia se sabe. Por lo menos en democracia hay películas como “Capitalism: a love story” (gracias a mi amigo D. por recomendarla y también por recordarme a Saramago).
Y bueno, del lado negativo, no vamos a tener a Cesc esta temporada. Todas las malas noticias fueran como esta…
Instante de júbilo. No vamos tan mal. A pesar de que la estancia de la mujer de otro (Michelle, ma belle) en una playa privada de nuestra península levante tanto revuelo. ¡Por Dios!
A las gentes escépticas de democracia, que creen que hay demasiada corrupción, les diré algo obvio: por lo menos en democracia se sabe. Por lo menos en democracia hay películas como “Capitalism: a love story” (gracias a mi amigo D. por recomendarla y también por recordarme a Saramago).
Y bueno, del lado negativo, no vamos a tener a Cesc esta temporada. Todas las malas noticias fueran como esta…
Friday, August 06, 2010
You look so fancy I can tell
Me he probado los vestidos más horribles del mundo. Odio ir de compras (excepto la parte de la horchata).
Menos mal, que al llegar a casa:
Wednesday, August 04, 2010
Como lo oyes
Qué delicia de programa para una tarde de agosto, Como lo oyes de Radio 3, buscando el sentimiento de volver a ser niñas y niños.
Una horda de monopatines multicolor sacude la calle y con el viento que crea, se lleva las nubes negras.
Una vez fui una niña cuyo alter ego escapaba de la abuela y se convertía en una heroína en motocicleta por las cloacas de la ciudad, fuerte y sin miedo, luchando contra la maldad, sin escuchar todas aquellas chaladuras sobre lo que una niña no debía hacer jamás.
Tuesday, August 03, 2010
Sunglasses
Segundo día que alguien se echa a llorar cuando le doy limosna. Debo ser la única persona con trabajo en la ciudad. He rebuscado en mis bolsillos. Ha sido espectacular. Quiero decir, monedas grandes. El negro que iba sentado algo más allá, en el tren, también se ha echado a llorar. Todos llorábamos. Imposible explicarlo y que suene creíble, a menos que se sea dramaturga. O poeta.
El mundo está muy mal.
Sin embargo, qué bonitas las niñas en la playa, con su juventud y su amistad. Yo la he cagado tanto últimamente. No he sabido estar. El todo me superaba y al final, siempre fallas con quien hay más confianza.
Sólo cuando te liberas de la culpa, eres capaz de ayudar. La vida de los demás no depende de ti. Vamos a repetirlo una vez más.
Monday, August 02, 2010
La ley de la atracción
Una buena voz: la que excita o acompaña. Profunda, rocosa, aterciopelada. De timbre limpio y rebelde.
Un buen libro: que no se pierda en artificios. ¿Por qué demostrar tanto si se es tan poco? Cuenta una buena historia, cuéntala bien y hace que me cuestione cosas. No me hagas saltar páginas buscando la solución. Si no vas a hacerme disfrutar de la lectura, dedícate la publicidad.
Una buena película: la que te emociona, te atrapa, hace que olvides todo, como abandonarte a la música en la pista de baile.
Hoy he entrado en el FNAC buscando yo qué sé, aunque supongo que sí lo sé. Me encontré allí sin querer, de camino… Y he salido con ganas de vomitar. ¿Era aquello entrecortado Eclipse, el de Floyd? ¿Y por qué no hay ningún libro de mi escritor favorito, ni en traducción? ¿Y este monstruo militar, maniquí en el centro del hall que ni siquiera muestra su rostro?
Como autómatas entramos en los juegos para probarlos, y abrimos los libros, deseosos de una revelación, y vamos al cine, buscando diversión u olvido y jugamos a ser entendidos de música, cuando la música ha perdido la dimensión.
¡Ah, el intelecto, esa flor de pasión!
Esta mañana un muchacho leía en el tren a Spinoza.
Existe una teoría científica, la ley de la atracción, que ya han demostrado y por eso es ley, y no teoría ni filosofía, según la cual el individuo, una vez identifica lo que quiere, atrae hacia sí, como epicentro de su propio universo, todo lo necesario para que su deseo se cumpla. Casualidades, suerte, señales, providencias…
Una familia en blanco y negro posa en un comedor con flores de lis en el papel de la pared. Todos miran a cámara, excepto el bebé, que mira a la cafetera.
Un hombre humilde llama a la puerta y pide para comer y beber. Le doy de comer y beber y el dinero que llevo encima y se echa a llorar de gratitud, porque en tres horas llamando a las puertas, con la vergüenza que le da y el calor que hace, no ha sacado ni un euro, ni nadie le ha ofrecido de beber, ni de comer y ahora…
Al despedirle le digo que arregle su currículum. Y me siento ruín. Ese hombre necesita un abrazo, una morada, un nuevo comienzo y no un consejo.
Pronto voy a echar tanto de menos que sólo de pensarlo me encojo.
Un buen libro: que no se pierda en artificios. ¿Por qué demostrar tanto si se es tan poco? Cuenta una buena historia, cuéntala bien y hace que me cuestione cosas. No me hagas saltar páginas buscando la solución. Si no vas a hacerme disfrutar de la lectura, dedícate la publicidad.
Una buena película: la que te emociona, te atrapa, hace que olvides todo, como abandonarte a la música en la pista de baile.
Hoy he entrado en el FNAC buscando yo qué sé, aunque supongo que sí lo sé. Me encontré allí sin querer, de camino… Y he salido con ganas de vomitar. ¿Era aquello entrecortado Eclipse, el de Floyd? ¿Y por qué no hay ningún libro de mi escritor favorito, ni en traducción? ¿Y este monstruo militar, maniquí en el centro del hall que ni siquiera muestra su rostro?
Como autómatas entramos en los juegos para probarlos, y abrimos los libros, deseosos de una revelación, y vamos al cine, buscando diversión u olvido y jugamos a ser entendidos de música, cuando la música ha perdido la dimensión.
¡Ah, el intelecto, esa flor de pasión!
Esta mañana un muchacho leía en el tren a Spinoza.
Existe una teoría científica, la ley de la atracción, que ya han demostrado y por eso es ley, y no teoría ni filosofía, según la cual el individuo, una vez identifica lo que quiere, atrae hacia sí, como epicentro de su propio universo, todo lo necesario para que su deseo se cumpla. Casualidades, suerte, señales, providencias…
Una familia en blanco y negro posa en un comedor con flores de lis en el papel de la pared. Todos miran a cámara, excepto el bebé, que mira a la cafetera.
Un hombre humilde llama a la puerta y pide para comer y beber. Le doy de comer y beber y el dinero que llevo encima y se echa a llorar de gratitud, porque en tres horas llamando a las puertas, con la vergüenza que le da y el calor que hace, no ha sacado ni un euro, ni nadie le ha ofrecido de beber, ni de comer y ahora…
Al despedirle le digo que arregle su currículum. Y me siento ruín. Ese hombre necesita un abrazo, una morada, un nuevo comienzo y no un consejo.
Pronto voy a echar tanto de menos que sólo de pensarlo me encojo.
Subscribe to:
Posts (Atom)






