
Sign of the Times
Picture of de Day
Por la mañana Millet ya no estaba, y quedaron nueve negritos. Al amanecer del día siguiente, Correa ya no estaba, y quedaron ocho negritos. Pasó un día y hallaron el cadáver de Berlusconi, y quedaron siete negritos…
En el mundo real no funcionan los cálculos de Agatha Christie. En verdad muchas figuritas serían necesarias y una canción de cuna muy larga debería ser cantada en una isla misteriosa donde timadores y estafadores de primera fila (con un vocabulario del que cualquier indigente honrado se sonrojaría) deberían sufrir sus últimas horas reflexionando sobre como han fundado sus imperios ilegítimos a costa de los demás.
El sol rojo de octubre se reclina sobre el mar de azul coral. Sólo el brillo denota que está despierto y que no decidió, nada más salir, echarse una siesta.
He descubierto que escribir académicamente sobre sexo no pone nada, más bien al contrario. Sin embargo, la literatura erótica sí.
Quizás, los que viven de asesorar sobre asuntos sexuales en verdad no disfrutan del sexo en absoluto. Y puede que las autoras de bestsellers "románticos" se pasen el día de orgasmo en orgasmo.
¿Sueñan los ginecólogos con coños?
Comprar el libro, el cd, la libreta. Llevar el lápiz y la goma de borrar. Llegar con el miedo de ya no recordar nada y resulta que todo sigue estando ahí. Bueno, casi todo. Porque sabía que la relativa menor de Re Mayor era Si menor, pero de la armadura, ni idea. Y mira que me lo llegué a aprender bien.
En el tren, un muchacho de camisa blanca que apesta a colonia, tiene el rostro cubierto de asquerosos granos y peina sus largos cabellos rubios hacia atrás, estilo futbolista chulo.
Groseramente, coloca sus pies de marca sobre el asiento de enfrente, para evitar que un ciudadano negro se siente. El ciudadano, que viene de trabajar y que por cierto es elegante, atractivo y educado, insiste con un “por favor, señor, si me permite”. El chulo le contesta, “pero ni tocarme, ¿te enteras? Ni tocarme”.
Dos estaciones después llego a mi apeadero y el chulo ha seguido lanzando miradas amenazadoras y palabras desacertadas, mientras el negro intentaba leer su libro. Nadie, en cinco minutos, se ha dignado a decir nada. Me imagino que, del mismo modo, los padres tampoco hacen el esfuerzo de enfrentarse a sus hijos, tan cansados están después de una estresante jornada en su fantástica carrera laboral.
Me levanto indignada, incrédula (¿esto está sucediendo?) y antes de salir, pongo una mano en el hombro del chulo y le digo: “es usted un maleducado y me avergüenza que la gente como usted infecte la imagen de mi bonito país”.
Cuando salgo del tren al aire salado del Mediterráneo, me siento como una heroína. Aunque en seguida pienso que lo que yo diga no sirve de nada. Los padres que crían a tiranos, criminales, racistas, machistas y ególatras deberían ir a la cárcel. Sino sabes educar, no te quedes embarazado. Tantas pruebas para un trabajo y luego dejan a cualquier imbécil procrear.