Anoche, de vuelta de la residencia donde mi abuela es atendida mientras se cura de una fractura de rodilla, mi prima y yo entramos en la estación del Clot.—Ahora los verás —dijo ella.
—¿Aquí en Barcelona? ¡No se habrán atrevido!
—Sí, sí, aquí, en este pasillo, es donde los he visto… Y no uno, no, ¡varios!
El corredor hacia el metro estaba saturado de los carteles electorales de CiU con el rostro de Josep Antoni Duran i Lleida en pose distinguidamente marcial.
Entre otros mensajes, estos:
“S'han de recuperar valors com el respecte, l'esforç, l'autoritat, la disciplina... a la família, l'escola i la societat”.
“A Catalunya se’ns respecta menys que abans. Això s’ha d’acabar!”
“Respectaran Catalunya”.
“Ni el catastrofisme del PP ni el triomfalisme de ZP. CiU ha estat i és la millor garantia per superar els reptes econòmics a la família i a l’empresa”.
Un tono bastante amenazante, ¿no? Rallando el… No me atrevo a decirlo. Lo dirá el eslogan que más impresiona y al cual mi prima se refería:
“La gent no se’n va del seu país per ganes sinó per gana. Però a Catalunya no hi cap tothom”.
Cada uno que piense lo que quiera, pero debo decir lo siguiente: supongo que quien ideó tal brillante concepto propagandista se refiere a los pobres muertos de hambre que construyen para nosotros, por ejemplo, el túnel del AVE, que viven hacinados en pequeños inmuebles del Raval sin ocupar mucho espacio, la verdad, y que se jugaron la vida por un pedazo de pan. En absoluto se debe referir a los turistas que gastan litros de nuestra escasa agua en los hoteles y en las duchas de nuestras playas ni a los inversionistas que pagan alquileres desorbitados por locales en los que los catalanes jamás podremos poner un negocio propio gracias a la histórica especulación inmobiliaria a la que todos los políticos han contribuido, ni, claro está y qué lastima, a toda esta bazofia invasora que viene por el sol (y no por hambre) y que ha destrozado nuestro litoral con sus chalés de lujo, sus coches caros, casinos, yates y demás.
Diría muchas cosas sobre mi idea de Catalunya, mi tierra, donde nací, y además las diría en catalán. Pero llevo tal cabreo encima que no me da la gana y es más, me da lo mismo todo ya, unos, otros, Catalunya, Espanya, la lengua, las banderas, los himnos y todas sus caras.
Nadie gestiona bien los recursos pensando en el futuro, ni siquiera en el presente. Las obras se ceden por arribismos y comisiones, no por deseo de crear unas buenas infraestructuras. Y mientras, las ciudades siguen llenas de coches, los pantanos vacíos de agua, las cloacas a reventar de mierda y los árboles muriendo de estrés. Medio mundo agoniza de hambre, sed y enfermedades, cuatro payasos hacen tratos nucleares y petrolíferos con torturadores y terroristas mientras entretienen a las revistas del corazón y se embolsan oro, el pulmón del mundo, el Amazonas, del que ya no se habla, se extingue veloz, las guerras que sancionamos proliferan con las armas que vendemos, y nosotros, el pueblo, esperamos con bocas abiertas la llegada de “Sexy Money”, o el partido del domingo o la escapada de Semana Santa o...
Del asco que me da esta campaña electoral y el mundo en general he decidido que votaré en blanco. Ya sé que es una idiotez, pero todo lo es.





