Wednesday, March 26, 2008

Sobre el trabajo

Uno puede viciarse con el trabajo (“una” también, claro, pero especificar géneros me parece una chorrada cuando me refiero a lo universal y me tomo el masculino como un neutro —defectuoso, eso sí).

Los síntomas son:

- Salir más tarde de la hora, aún sabiendo por experiencia que cuanto más rato se esté, más trabajo se encontrará por hacer.

- Pensar en soluciones a problemas laborales fuera de las horas laborales.

- Soñar con el trabajo (en el sentido real y figurado).

- Despertar y comenzar a organizar el día, a pesar de saber que los días son un río de caos inorganizable.

- Llegar a casa e iniciar tareas de manera rápida e impulsiva para no perder el punto de estrés.

- Esperar el lunes con la ilusión de saber que se avecina otra semana de imprevistos que hará que pronto llegue el viernes.


Uno puede, en cambio, estresarse (negativamente):

- Cuando no se logra conciliar el sueño.

- Cuando el cansancio es el común denominador de todos los días.

- Cuando los domingos por la tarde son deprimentes.

- Cuando levantarse es un suplicio y da ganas de llorar.

- Cuando la jornada laboral deja escaso o nulo tiempo para la creación personal.

- Cuando se regresa a casa invariablemente de mal humor.

- Cuando la nómina no compensa y existe una sensación general de pérdida de vida, de carrera inexorable hacia la muerte.

- Cuando se está muerto de aburrimiento y todo es rutina.

A veces nos acomodamos en un trabajo, aunque nos esté matando, como nos acomodamos a una pareja, aunque ya no exista la aventura, la comunicación ni el sexo.

La decisión, por muy malas que sean las circunstancias, siempre es nuestra. Cuando en una empresa hay mal rollo, no se paga bien, no se trabaja a gusto, no se nos valora, existe discriminación, no se nos permite una flexibilidad para conciliar el trabajo con el resto de nuestra vida o no se siguen las normas de seguridad, siempre existe la opción de marchar y buscarse la vida en otro lado. Claro que esta decisión podría conllevar la incomodidad temporal de no poder pagar las facturas, ni tomarse una cerveza, ni tener vacaciones.

¿Qué pesa más en la balanza, la incomodidad temporal o la tumba perpetua?

Y qué emocionante sería si los empleados de una empresa mal gestionada, en vez de tragar con la mierda, decidieran largarse… ¡Todos a la vez!

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